2,934 horas

Por Joanna Levitt Cea, Directora del Fondo Buen Vivir (In English here)

81 personas dedicaron 2,934 horas para lograrlo.

Si queremos un resultado diferente, necesitamos un proceso completamente diferente.

Esta es la filosofía que adoptamos hace un año al iniciar el diseño del Fondo Buen Vivir. Mientras más y más fundaciones y personas adineradas tomaban conciencia de la inversión de impacto, en Miles de Afluentes nos dábamos cuenta de una importante discrepancia. La gente quería ayudar a resolver las problemáticas de la pobreza y la desigualdad, no mantener el actual sistema económico con sus inversiones.

Sin embargo, las oportunidades todavía estaban basadas en viejos principios económicos y caían en la misma trampa que la ayuda filantrópica e internacional más tradicional: el no escuchar a lo que las personas verdaderamente querían, ya fuese a nivel comunitario o a nivel de los inversionistas.

«He aquí un nuevo dispositivo de alta tecnología que ayudará a los agricultores a…»

«Inviertan en esta nueva compañía. Está creando empleos en el sur global».

«Ayuden a ampliar la escala de las microfinanzas».

Por todas partes encontrábamos personas que anhelaban algo profundamente diferente, algo que les permitiera abordar la tarea de invertir en un mundo mejor con todo su ser. Los inversionistas querían ser más que un «cajero automático». Los líderes comunitarios en el sur global, quienes por décadas han estado trabajando en torno a sistemas financieros que no les sirven, querían trabajar con las exitosas nuevas prácticas económicas que habían desarrollado (o aquellas prácticas económicas precoloniales que habían luchado por preservar) e implementar esta sabiduría a una mayor escala.

El campo de inversión de impacto se ha ampliado durante la última década, pero en Miles de Afluentes sabíamos que si trabajábamos con nuestras contrapartes podríamos cocrear un enfoque alternativo que no perpetuase los sistemas de extracción y explotación:

  • ¿Qué tal si los inversionistas no fuesen los que dictan los términos de inversión?
  • ¿Qué tal si las inversiones no extrajesen recursos de la tierra, sino defendiesen los derechos humanos, la soberanía alimentaria y la justicia climática?
  • ¿Qué tal si pudiésemos crear un fondo de inversión donde una comunidad en Oaxaca que quisiese instalar un sistema eléctrico solar pudiese obtener los 50,000 dólares estadounidenses necesarios y a la vez estar segura de que sus procesos de toma de decisiones y modos de vida no serán alterados por este proceso? ¿O que la comunidad en Rajastán que quiera restaurar la salud del suelo y lanzar una iniciativa de agricultura orgánica pudiese acceder a los 75,000 dólares estadounidenses necesarios y estar segura de que los plazos, términos y retornos estarán alineados con las estaciones y los ciclos de sus singulares sistemas agro-ecológicos?

  • ¿Qué tal si los retornos fuesen definidos de forma que no solo fuesen más allá de los términos financieros, sino más allá de los «retornos sociales y ambientales» habituales que miden los fondos de impacto convencionales? ¿Qué tal si realmente midiéramos y valoráramos otras formas de retornos que son esenciales para construir un mundo de bienestar y en equilibrio, como:
    • la calidad del tiempo que tenemos para compartir con nuestra familia y comunidad;
    • una reducción en el miedo y la ansiedad que surgen de las presiones financieras que apoyan a la especulación pero no a las personas o el planeta; y
    • un fortalecido sentido de conexión con el mundo y espíritu natural, y con las formas en que nos sostiene a nosotros y a nuestra comunidad?

Estas preguntas y más motivaron a 81 personas de seis países que han tenido experiencias económicas muy diferentes a través de sus vidas, a pasar 2,934 horas juntos, planificando, soñando, discutiendo, discrepando y consultando, tanto en persona durante el pasado mes de octubre como en reuniones virtuales a través de video-conferencias, a menudo a inusuales horas del día.

Morgan Simon, Pi Investments & la Fundación Libra

«Los inversionistas necesitan saber que existen alternativas y ser invitados a estos espacios», afirma Morgan Simon de Pi Investments y la Fundación Libra.

Invertimos este tiempo juntos porque no creábamos un modelo de inversión que sirviese como solución única, sino un proceso modelo para un impacto más profundo. Tuvimos que determinar qué clases de intercambios y acuerdos serían capaces de dar vida en vez de acumular recursos.

 

Jorge Santiago, Desarrollo Económico y Social de los Mexicanos Indígenas

Tal como Don Jorge Santiago, antiguo miembro del personal y actual consejero de DESMI, nos preguntaba a menudo durante el pasado año: «¿Cómo escapamos de la trampa que implica el dinero? Con control, con poder».

Reunir diversas ideas y experiencias provenientes de seis países toma tiempo, pero ¿por qué tomó 2,934 horas idear el diseño de cómo funcionará este nuevo fondo de inversión? Según lo explicó Nwamaka Agbo, miembro de la junta directiva de Miles de Afluentes:

Nwamaka Agbo, Movement Strategy Center (Centro de Estrategias de Movimientos) & miembra de la Junta Directiva de Miles de Afluentes 

«La profunda labor de desaprender los hábitos y patrones de la colonización, de una dañina economía extractiva, es un trabajo muy difícil.

«Y es una labor difícil ya que [estos hábitos y patrones] están incrustados en nuestra alma, en nuestro ser».

Fue, de hecho, un trabajo difícil. Requirió de todos sacar tiempo a pesar de nuestros muchos compromisos; ser valientes y compartir con franqueza nuestras experiencias de vida acerca de la riqueza y la inversión, aunque estos temas despertasen sentimientos como el dolor o la vergüenza; y retarnos a cuestionar hasta nuestras suposiciones más fundamentales acerca de cómo se puede compartir y utilizar el dinero.

Además, a la misma vez, todos estábamos profundamente conscientes de que el Fondo Buen Vivir que diseñamos necesita demostrar al mundo que no estamos jugando. Esto no es un fondo soñador en el que unas pocas personas liberales podrán invertir su tiempo y donaciones caritativas para sentirse mejor. No. Esto tiene que ser un potente y novedoso modelo que demuestre que las prácticas de inversión centradas en nuestro bienestar e interconexión funcionan de verdad. Los números concuerdan. El Fondo es capaz de alcanzar los retornos que buscamos. Las prácticas financieras, de gobernanza y de debida diligencia que utilizamos no sólo nos hacen sentir mejor, sino que apuntan hacia un mayor impacto.

La semana pasada dimos un gran paso en esa dirección. La Asamblea de Socios del Fondo Buen Vivir aprobó el Marco Rector, el documento que reúne las decisiones clave que hemos tomado juntos durante el pasado año. Este es el documento que regirá la forma en que el Fondo Buen Vivir funcionará, es decir, cómo se integrarán las políticas, herramientas y protocolos de inversión.

Las 81 personas que dedicaron 2,934 horas, inclusive el personal de las 18 organizaciones miembro del Círculo Fundador del Fondo Buen Vivir, además de consejeros aliados que comparten sus experiencias y consejos, así como miembros de la comunidad y miembros de las juntas directivas de los grupos del Círculo Fundador (sin incluir las horas trabajadas por el personal del Miles de Afluentes) han desarrollado la confianza, los sistemas, la tolerancia al riesgo y el entusiasmo necesario para lanzar este primer ciclo de inversión y aprendizaje.

¡Tenemos mucho que celebrar con este hito! También reconocemos que la demostración comienza ahora.

Nos sentimos honrados y emocionados de estar en este viaje con nuestras contrapartes. Ellos con frecuencia nos recuerdan que adoptar el buen vivir significa no solo intentar de alcanzar el destino lejano del mundo utópico del buen vivir, sino que también conlleva comprometerse, aquí y ahora, con recorrer el camino del buen vivir —con alegría y a la vez cuidando nuestro bienestar personal y mutuo— y cultivar continuamente una consciencia acerca de las formas tan tangibles en las que estamos interconectados. Es decir, el proceso es inseparable del destino.

Don Javier Inda Andrio, EduPaz

Don Javier Inda Andrio de nuestra contraparte EduPaz estaba de camino a visitar a su padre de 104 años la semana pasada. Según nos acercábamos a la línea de llegada y le poníamos los toques finales al formulario de solicitud, Don Javier, quien es de por sí un miembro de mayor edad dentro de su organización, se detuvo durante su viaje en bus para buscar una computadora, ya que para él era muy importante enviarnos sus comentarios sobre el fondo.

Cuando le expresé mi asombro y mi aprecio, él simplemente replicó:

«¡Por supuesto! El Fondo Buen Vivir es un nuevo camino».

***

Muchas gracias a los miembros del Círculo Fundador del Fondo Buen Vivir por ser parte de un proceso de codiseño que nos ha colocado firmemente en el camino al buen vivir.

Manténganse pendientes. Este mismo año anunciaremos las primeras inversiones del Fondo del Buen Vivir.